Los verdaderos lujos que no se compran, se viven.

Hoy quiero hablarte de algo que no se compra…
de los verdaderos lujos que sólo Dios puede darte.

Muchos piensan que los lujos son tener mucho dinero, autos nuevos, ropa cara o viajes soñados.

Pero hay lujos que no tienen precio alguno ni valor material,
y cuando los reconoces, la vida cambia su sentido.

El primer lujo es la salud.
Porque sin ella no hay riqueza que valga,
ni sueño que pueda disfrutarse.
Con salud, lo simple se vuelve grande,
y sin ella, lo grande se vuelve nada.

El segundo lujo es la paz.
Esa calma que no se ve, pero se siente.
Porque de nada sirve la abundancia si el corazón vive en la angustia.
La paz es tener el alma liviana, y poder dormir sin peso en la conciencia.

El tercer lujo es la sabiduría.
Porque no se trata de cuánto tienes,
sino de cómo usas lo que la vida te da.
La sabiduría transforma un poco en suficiente,
y mucho en una bendición.

Y el cuarto lujo, el más grande de todos,
es la familia.
Porque, ¿de qué sirve el éxito si no tienes a quién abrazar cuando llegas a casa?
La familia es el lujo más puro,
el regalo más divino, el tesoro que ningún dinero puede comprar.

Y cuando lo entiendes…
comprendes que el verdadero lujo no está en lo que tienes,
sino en cómo vives.

Porque cuando eliges cuidar tu salud, vivir en paz, actuar con sabiduría y amar a tu familia,
descubres que la vida misma
es el lujo más grande que Dios te regaló. 🌿”

¡Compártelo!

Otros temas recomendados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

[instagram-feed]